*Francia en huelga: un malestar que cruza generaciones
(AP Noticias) *Francia en huelga: un malestar que cruza generaciones

*Francia en huelga: un malestar que cruza generaciones

Sindicatos de trabajadores y de estudiantes, chalecos amarillos, convergen hoy en una jornada de huelga tras cinco semanas de movilizaciones masivas que desafían las respuestas del gobierno de Macron.

Las manifestaciones continúan, se intensifican, se organizan y pasan de la espontaneidad a la conciencia, pese a los intentos del gobierno de Emmanuel Macron de controlarlas, desviarlas y generar desinformación. Docentes hartos de las malas condiciones de trabajo y estudiantes secundarios, que se pusieron a la cabeza de un movimiento de imaginación y cólera, empujan desde hace semanas una protesta que hoy, 5 de noviembre, suma a estudiantes y trabajadores: el motor de todo pasado, presente y futuro. Según el sindicato SNES-FSU, el 52 % del personal de colegios y liceos está en huelga.

Actualmente, tres generaciones convergen en un mismo espacio, ya no privado, sino público, para expresar un descontento social articulado contra la cultura del trabajo precarizado y el consumo asfixiante. Los jóvenes ven su futuro hipotecado antes de empezar; los adultos, su presente consumido por el costo de vida y la carga impositiva; los jubilados, agotados tras una vida laboral, se enfrentan a reformas que recortan o postergan lo que legítimamente les corresponde.

En el plano comunicacional, existe un contraste directo entre la narrativa oficial del Ministerio del Interior, que califica las marchas como jornadas transcurridas «sin problemas», y el registro de la ciudadanía. Cientos de registros audiovisuales difundidos por los propios manifestantes muestran cómo la intervención de las fuerzas policiales y de la gendarmería, en los momentos de dispersión, suele actuar como detonante de los enfrentamientos.

Las causas estructurales de la protesta
No sería justo atomizar el análisis y decir que esto es algo de actualidad. Hay hechos que indican que, desde hace una década, existe una presidencia atravesada por una retórica del diálogo, pero con falta de escucha y de canales de participación ciudadana reales.
Las movilizaciones actuales no son un hecho aislado, sino la acumulación de un largo ciclo de conflictividad durante los mandatos de Macron. En esa cronología podemos enumerar la revuelta de los Gilets Jaunes (Chalecos Amarillos) en 2018-2019; las protestas masivas de 2023 contra la reforma de las pensiones, impuesta mediante el artículo 49.3 de la Constitución, que permite adoptar un texto sin votación parlamentaria; y, claro, la actualidad, con el descontento por el encarecimiento de la vida y el malestar en el sistema educativo y universitario, donde se denuncian el deterioro de la infraestructura escolar, la falta de reemplazo de docentes y la necesidad de mejores condiciones de trabajo y estudio.

Es lógico mencionar también el factor económico, entre causas propias del gobierno y ajenas a él: la subida del precio de los combustibles, impulsada por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio, ha reducido severamente el poder adquisitivo.

El frente de estudiantes secundarios y la respuesta del Ejecutivo
A finales de octubre, tras una consulta que reunió más de 100.000 contribuciones de casi 3.000 liceos, el gobierno, con el primer ministro Sébastien Lecornu a la cabeza, presentó un paquete de medidas: un tope de 28 alumnos por clase (el primer año del liceo), 500 puestos docentes adicionales, 1.000 millones de euros para renovar las universidades, becas indexadas a la inflación desde 2027 y el reemplazo de Parcoursup, la plataforma de acceso a la educación superior, en 2028. A eso se suma la creación de 15.000 nuevas plazas en educación superior hasta 2028, que el sindicato Unión Étudiante contrapone a las 10.000 que, según sus cifras, se suprimieron el año anterior.

La posición estudiantil fue rechazar las medidas por considerarlas paliativos insuficientes que no abordan problemas estructurales como la crisis habitacional juvenil, la saturación del sistema universitario y la precariedad laboral. Los estudiantes reclaman, de hecho, 250.000 plazas.
El malestar es transversal a varias generaciones, y la confluencia social entre estudiantes y trabajadores está inclinando la opinión pública respecto de la agenda gubernamental y las urgencias económicas de la población. Algunos analistas sostienen que lo que ha hecho Macron es volver inentendible la política, y lo respaldan con hechos de su mandato. Recordemos las elecciones de 2024: el Nuevo Frente Popular fue la fuerza con más diputados (182 de 577), aunque sin mayoría absoluta, y el primer ministro designado por Macron no provino de esa coalición.

La huelga de hoy, convocada por un amplio frente intersindical al que se unen sindicatos del sector privado, aúna las fuerzas de los estudiantes secundarios y universitarios y de los trabajadores, del transporte a los puertos: una clara muestra de que la indignación social se organiza.
En la Francia actual, como un espejo social contemporáneo, se desarrolla una suerte de «nueva novela francesa», donde ya no es la mesa, el espacio interior de la casa, el lugar para las reuniones y los debates, sino la calle, las explanadas de los edificios educativos. Falta que se organicen más las discusiones de los asalariados en una nueva agenda, y que se comience a construir un poder popular.

*Mario Daniel Villagra
Francia 2026-11-05


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