Misa Francisco
Los ocho siglos años de Francisco pensaba cómo el Evangelio ilumina la vida de Francisco, cómo Francisco ayudó a iluminar el Evangelio, y cómo nosotros también han vivido a nosotros el Evangelio. Y en tres puntos. El primero es que tanto la primera lectura como el Evangelio hablan de la línea, que en la línea, generalmente, la línea se refiere al pueblo de Israel o a la Iglesia.
Eso es palabra de la línea. Y ellos decían mucho eso en el Salmo. La línea del Señor es su pueblo. Decían mucho, precisamente porque la línea imagen del pueblo, porque es porque es imagen de aquellos que se han cuidado en esa en la tierra de Jesús y precisamente eran a Dios los que cuidaban a su niño.
Inicia su vocación, una de las primeras pasos de su vocación, y cuando escucha esa voz que dice, prepara la iglesia. Lleva a lo que le parecía la porción pura a San Damiano y inicia lo que él entendía preparar la iglesia, empezó a preparar la iglesia física con lo otro normal que encontró y empezó un poco a reconstruir esa iglesia, pero después entendió que lo que entendía el Señor era preparar la iglesia, una iglesia no solo física de cemento, sino una iglesia de verdad que es el cuerpo del Señor.
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Entonces podemos decir que Francisco empezó a llorar ante ese sueño del Señor con la niña, de esa niña que pueda producir frutos, y que esos frutos la niña produce viviendo en la Evangelia, y eso es lo que pasó a Francisco. En ese nivel, aunque no es milosa, existe un comentario, esa simplicidad que hizo Francisco por esa no, de vivir tal cual, de vivir tal cual la palabra de la Virgen.
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Y así, con esa, con ese programa tan simple, fue reformando la iglesia, porque justifica el deseo de la reforma. Por eso nosotros también, nosotros utilizamos en la iglesia del Señor, en la vida del Señor, aquellos que puedan cumplir los sueños que nos unen. Y reformar simplemente lo que podemos, desde nuestra propia cultura, nuestra propia situación, desde nuestra propia iglesia real, por eso nosotros ese sueño del Señor, como es la religión del Señor, como Francisco,
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con la simplicidad y el evangelio en la palabra, y buscando que esa evangelio sea verdad.
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Tiene, y llega la palabra desde el punto del Evangelio, el problema de la línea, en el primer, Isaías, en el Evangelio produce frutos, el Evangelio es otra cosa, el Evangelio que produce frutos, pero ¿qué pasa? Se apoderan de esos frutos, lo toman como propio, y no se lo dan al dueño de la línea, sino que terminan matando a todos los que vinieron a recolectar frutos, el Señor le decía,
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quiere decir que, que bueno, que el pueblo, que Israel, estaba produciendo frutos, y se lo dan al pueblo de los gentiles, que se le dicen, son un poco lo que, una palabra para aquel, pero el punto es que, se apoderan, y se apoderan de una autosuficiencia, del punto que produce la línea, es decir, hagamos todo para ellos, las uvas se apagaron, y no se la dieron, creo que Francisco Posudia nos muestra La, no la consciencia que es el dueño, sino la pobreza de la gente sabe que tiene su vida en Dios
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y que vive plenamente en la gratitud de Dios y en la confianza y la obediencia de Padre. También, en los inicios de su vida, en San Francisco, ahí en la plaza de Asís, en la plaza de Asís, en medio lleno de gente, cuando su padre quería que dejara un poco esa locura que tenía, en adelante se le enfoca en su figura, sea casi impudo, y le dice al padre, delante de todas las personas, de ahora en adelante, mi padre, no recuerdo cómo será, dice, no mi papá, dice, si no que será mi padre, el de Dios.
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Y entonces Francisco no tiene esa ilusión de esa manera confiado a Dios, padre. Y confiar en él. Y saber que los frutos son para él, y por eso le dio los frutos, porque en definitiva, no era Francisco, se agarró a Francisco, sino a Dios, al Señor. Y con esa confianza de él. De hecho cuenta que, ya cuando Francisco vio a Francisco, después le tocó pasarse, y mucho, porque terminó siendo atraído por un hombre conocido, casi por su compañero de la congregación.
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De hecho cuenta las anécdotas que se dicen de Francisco, esas anécdotas que tiene Francisco, que un día iba caminando, o iba, estaba caminando por los montes, y había esas montañas de caña, y hacía frío, pero realmente hacía bastante frío, que se estaba congelando, que casi como que se enganchaba en su manto que llevaba, y llegó con una estrella franciscana donde él, de su habitador, una franciscana, y golpeó la puerta.
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Y llega Ana, sale de noche, y dice, responde de adentro, ¿quién es? Y la general contesta, Francisco. Y él responde, de adentro responde, no conocemos un Francisco. Y dice, o como que no hay un Francisco ahí tengo a mi mujer y con los campos. Y dice a la hermana León, se le pregunta, ¿qué hijo de la Biblia tiene? Y dice, ah, en el sentido que él quería también su humildad de poder dejar su obra al Señor.
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Y no la robó Francisco, y se la dejó a él. Estamos juntos, así que nosotros vamos, los juntos en nuestra vida, dárselo todo al Señor en actitud de acción de gracia. Gracias, y dárselo a él. Y lo último, la palabra, y lo que termina rechazando a hijo, que es Rechazar el objetivo a Jesús. Por eso dice la palabra que la piedra que lo conquistó al rechazar la piedra angular, es decir, Jesús es la piedra angular.
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Si nosotros, ¿a qué se refiere la piedra angular en la construcción? ¿Vemos un arco, va un arco en el que puede utilizarse el arco, la piedra angular es la la que activa, la que hace que se unan las dos columnas que vienen. Esa se refiere a la piedra angular. Entonces, la piedra angular es la que la que permite que todo esté unido y era precisa, es decir, la piedra precisa que permite la unión de todo y que sostiene todo lo que existía porque así es como se crea el arte.
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Y Jesús, entonces, nos ha revelado en nuestra vida que sostiene todo lo que hace que todos se puedan mantener. Y fue la piedra angular Francisco. Tan profunda es el Señor, ha visto que no solo espiritualmente, sino que la carne, y se debe conocer de la pasión de Jesús. Que nosotros como Francisco podamos usar de Jesús nuestra vida en verdad, que de forma, consistencia, y una honestidad.
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No vamos a tener logística material, pero sí que nosotros querramos que el Señor pueda hacer esa fe en verdad, que sea Él el que va a soltar un poco nuestra vida, como lo hizo con Francisco. Y que entonces, como a Él, nosotros podamos vivir, como decía el Evangelio, porque Él vivió ahí en Francisco. Dicen que Francisco fue casi la invitación más posible entre los santos de Dios y el Señor.
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Entonces, que nosotros también así, como Francisco, podamos construir nuestra vida con la vida en verdad de Jesús. Y que teniendo esa piedra, podamos hablar juntos con nuestros victorios, sabiendo que es Jesús el que hace producir nuestra vida. Y que si nuestra vida es transformada en todo Cristo, como lo hizo Francisco, sin duda que nuestra vida será mía, como la de Francisco.
Villaguay 2026-10-04