(AP Noticias) Héctor Senaqué Santomil: La Patria no se vende, la Soberanía no se entrega, el territorio ancestral se defiende
Héctor Senaqué Santomil: La Patria no se vende, la Soberanía no se entrega, el territorio ancestral se defiende
El reconocido militante de los pueblos originarios, Héctor Senaqué Santomil durante su intervención en el rechazo a la ley de extranjerización de la tierra, durante la concentración realizada en la plaza 20 de noviembre en Villaguay, expresó claramente la postura en defensa de la Patria, la Soberanía y el territorio ancestral.
Las palabras
Agradezco la invitación a compartir esta reflexión. Hablo hoy desde mi lugar de lucha como ciudadano, escritor, músico, educador , promotor cultural, comunicador popular y representante de un pueblo originario. En el mes de la Madre Tierra y próximo al día internacional de los pueblos originarios que es el 9 de agosto.
No nos reúne aquí un interés sectorial ni el reclamo mezquino de un privilegio; nos convoca un deber histórico, una urgencia que nos debería movilizar a todos los argentinos: Una Nación puede recuperarse de una crisis económica o de una derrota política, pero ningún pueblo se levanta si entrega su territorio, sus bienes naturales y su capacidad de decidir libremente su destino. Ya podemos ver pueblos desvastados por esas injerencia que intentan instalar en nuestro país.
Como representante del Consejo de Participación Indígena (CPI) del pueblo Charrúa de Entre Ríos, y junto a referentes de comunidades de todo el país, nos plantamos frente a esta invasión, a través de un documento formal enviado al Senado de la Nación donde manifestamos nuestro rechazo absoluto a este proyecto de ley de extranjerización, que no es otra cosa que un mecanismo de despojo y exterminio de nuestra cultura e identidad. Con este testimonio escrito, quisimos obligarlos a mirar el escenario de desguace planificado que se viene tejiendo paso a paso.
No estamos ante un hecho aislado; estamos ante la estocada final de un plan sistemático. Primero prepararon el terreno en las legislaturas. Aprobaron el Régimen de Inversiones (RIGI) para amparar el saqueo corporativo por tres décadas, mutilaron la Ley de Glaciares para abrirle paso a la megaminería en nuestras fuentes de agua estratégicas y entregaron el control de la Hidrovía Paraná-Paraguay. Cada una de estas claudicaciones normativas operó como un eslabón necesario para confluir en este perverso remate definitivo que han titulado con hipocresía colonial como la "Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada".
Detrás de ese nombre técnico y engañoso, se esconde la absoluta extranjerización de nuestro suelo rural, eliminando los topes históricos de la Ley de Tierras para permitir que los grandes magnates transnacionales compren nuestros lagos, nuestras fronteras y nuestros recursos estratégicos sin ningún límite. Para garantizar este negocio global, la ley instala un sistema punitivo y feroz de desalojos exprés. Y el primer blanco somos nosotros. La caída provocada y el desfinanciamiento de los mecanismos de la Ley 26.160 no fueron accidentes; fueron la demolición programada del único escudo legal que suspendía los desalojos en las comunidades. Hoy, al grito de defender la "propiedad privada", el Estado convalida una ola de violencia inadmisible sobre los territorios ancestrales.
Es hora de que la sociedad argentina despierte y entienda la trampa: usan el concepto de propiedad privada —asociado falsamente al derecho de la casa o el pequeño lote familiar— para legitimar el latifundio transnacional y el acaparamiento financiero del agua y la tierra. Por eso venimos a oponer, con toda la fuerza de nuestra historia, el concepto de Propiedad Comunitaria Indígena. No estamos hablando de un título inmobiliario comercial que se vende al mejor postor o se hereda para la especulación financiera. La propiedad comunitaria es un derecho humano, colectivo, inalienable e imprescriptible reconocido por el artículo 75 inciso 17 de nuestra propia Constitución Nacional. Significa que la tierra no es una mercancía individual; es el territorio donde late la vida de un pueblo entero, su lengua, su medicina ancestral, sus saberes y el equilibrio ecológico que sostiene y da vida a la qué nos da vida, la madre tierra.
Cuando una comunidad es expulsada bajo la lógica de esta ley de extranjerización, el daño es irreversible para toda la sociedad argentina. No desaparece solo un alambrado; se extingue una parte de la cultura, de los saberes acumulados durante siglos y de los bienes comunes que nos dan soberanía alimentaria e hídrica a todos los habitantes. Al borrarse una cultura originaria, la Argentina pierde su propia alma, porque no puede existir una Nación fuerte si se niegan o se rematan las raíces que le dieron origen.
Esta lucha no nos pertenece solo a los pueblos originarios. Esta causa golpea la puerta del productor rural, del trabajador, del estudiante, del científico y de cada habitante que comprenda que un país libre necesita custodiar sus recursos y su geografía. Porque nosotros, los integrantes de los pueblos originarios, no somos una realidad ajena ni lejana: somos cada uno de los que cotidianamente mueven las actividades sociales, comerciales, educativas y culturales de este suelo. Somos los maestros, los obreros, los profesionales y los productores que construyen la Patria día a día.
No nos dejemos engañar por los supuestos cambios de último momento. Aunque pretendan maquillar el proyecto anunciando que determinaron sacar la parte de la venta de tierras a los extranjeros, la verdadera trampa sigue intacta: van a seguir adelante con el corazón del proyecto, ese que acelera de forma brutal los desalojos e impide que el estado expropie a favor del pueblo , también vaya contra la ley de manejo del fuego . Es precisamente ahí, en esa avanzada administrativa y judicial, donde los pueblos originarios vamos a terminar siendo los más afectados, quedando desprotegidos y expuestos a la expulsión inmediata de nuestros territorios tradicionales. Con esto la miseria se va a propagar cada vez más y ese es el plan devastador.
Nos sostiene la memoria de quienes resistieron la conquista, de los próceres que fundaron nuestro suelo y de los veteranos excombatientes y caídos de Malvinas, quienes nos legaron un principio irrenunciable: la soberanía no se negocia; se ejerce, se defiende y se honra. Exhorto a nuestra sociedad a permanecer de pie, a defender la Constitución, la democracia y el futuro de nuestra tierra. Trabajemos juntos para que las próximas generaciones no nazcan y crezcan en un territorio devastado como vemos que sucede en otras pueblos del mundo que vienen siendo exterminados, como en Palestina y en varios países de África. Vasta de injerencia extranjera, vasta de invasión colonial.
Villaguay 2026-08-06